En las secciones de su Historia de las Indias que critican el argumento de Oviedo, el tono de Las Casas se basa mucho en el estilo de ese cronista. Aquí veremos que imita a Oviedo en su proemio y lo hace irónico: Oviedo describe el Nuevo Mundo como un lugar maravilloso con muchas posibilidades y riquezas para los españoles; Las Casas lo describe como un mundo de pecado y catástrofe causado por los españoles y su abuso de los indios.
Oviedo: Proemio a la Historia general y natural de las indias
«¡Cuántos valles, e flores, llanos y deleitosos! ¡Cuántas costas de mar con muy extendidas playas e de muy excelentes puertos! ¡Cuántos y cuán poderosos ríos navegables! ¡Cuántos y cuán grandes lagos! ¿Cuántas fuentes frías e calientes, muy cercanas unas de otras! ¡E cuántas de betum e de otras materias o licores! ¿Cuántos pescados de los que en España conoscemos, sin otros muchos que en ella no se saben ni los vieron! ¿Cuántos mineros de oro e plata e cobre! ¡Cuánta suma preciosa de marcos de perlas e uniones que cada día se hallan! ¿En cuál tierra se oyó ni se sabe que en tan breve tiempo, y en tierras tan apartadas de nuestra Europa, se produciesen tantos ganados e granjerías, y en tanta abundancia como en estas Indias ven nuestros ojos, traídas acá por tan amplísimos mares? Las cuales ha rescebido esta tierra no como madrastra, sino como más verdadera madre que la que se las envió: pues en más cantidad e mejor que en España se hacen algunas dellas, así de los ganados útiles al servicio de los hombres como de pan, y legumbres, e frutas, y azúcar, y cañafistola; cuyo principio destas cosas, en mis días salió de España, y en poco tiempo se han multiplicado en tanta cantidad, que las naos vuelven a Europa a la proveer cargadas de azúcar, e cañafistola y cueros de vacas: E así lo podrían hacer de otras cosas que acá están olvidadas e aquestas Indias, antes que los españoles las hallasen, producían e agora producen, así como algodón, orchilla, brasil, e alumbre, e otras mercadurías que en muchos reinos del mundo las desean y serían grande utilidad para ellos. Lo cual nuestros mercaderes no quieren, por no ocupar sus navíos sino con oro, e plata, e perlas, e las otras cosas que dije primero.»
Las Casas: Prólogo de la Historia de las Indias
«Resta, pues, afirmar con verdad, solamente moverme a dictar este libro la grandísima y última necesidad que por muchos años a toda España, de verdadera noticia y de lumbre de verdad en todos los estados della cerca deste Indiano Orbe, padecer he visto; por cuya falta o penuria ¡cuántos daños, cuántas calamidades, cuántas iacturas, cuántas despoblaciones de reinos, cuántos cuentos de ánima, cuántos a esta vida y a la otra hayan perecido y con cuánta injusticia en aquestas Indias; cuántos y cuán inexpiables pecados se han cometido, cuánta ceguedad y tupimiento en las conciencias, y cuánto y cuán lamentable perjuicio haya resultado y cada día resulte, de todo lo que ahora he dicho, a los Reinos de Castilla! Soy certísimo que nunca se podrán numerar, nunca ponderar ni estimar, nunca lamentar, según se debría, hasta en el final y tremebundo día del justísimo y riguroso y divino juicio.»
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30 octubre 2008
Las Casas contra Oviedo: Parte I
En su Historia de las Indias, Las Casas ataca directamente a Oviedo por sus graves errores y aun cuestiona su carácter moral y su mera sabiduría. Dice que Oviedo disimula e imagina muchas cosas en su Historia general que no son para nada verdaderas. Oviedo se considera un testigo personal de lo que relata (un “cronista real”)—entonces Las Casas dice que si esto fuera verdad, Oviedo no debería de haber contado su historia como la cuenta en su libro. Concluye con dos opciones: a) Oviedo es un pecador, ciego a la verdad, o b) Oviedo cuenta la historia sabiendo que es falsa. (Libro III)
Además, Las Casas compara la obra de Oviedo con la tradición griega, que para los humanistas como Las Casas era una distorsión poética de la verdad (por eso dice que los griegos y Oviedo producen “fábulas” y “ficciones”). Los capítulos XV y XVI del Primer Libro revelan sus comentarios respecto a la falta de veracidad y autoridad de historiadores que habían escrito antes sobre las Indias, especialmente Oviedo:
«[…] [y una cosa es hablar los poetas de las Gorgonas mujeres, y otra de las Gorgonas islas]. Muchas y en muchas cosas Oviedo alega libros y autoridades que él nunca vió ni entendió, como él no entienda ni sepa latín, y así parece que hizo en ésta […]»
Además, Las Casas compara la obra de Oviedo con la tradición griega, que para los humanistas como Las Casas era una distorsión poética de la verdad (por eso dice que los griegos y Oviedo producen “fábulas” y “ficciones”). Los capítulos XV y XVI del Primer Libro revelan sus comentarios respecto a la falta de veracidad y autoridad de historiadores que habían escrito antes sobre las Indias, especialmente Oviedo:
«[…] [y una cosa es hablar los poetas de las Gorgonas mujeres, y otra de las Gorgonas islas]. Muchas y en muchas cosas Oviedo alega libros y autoridades que él nunca vió ni entendió, como él no entienda ni sepa latín, y así parece que hizo en ésta […]»
Historia de las Indias: Libro III Cap. CXLII-CXLVI
Estos capítulos sirven como un manifiesto de argumentos contra Oviedo y su Historia general, el cual emplea Las Casas como herramienta para defender a los indios.
«[…] no parece sino que su fin último y bienaventuranza de escribilla no fue otro más de para totalmente infamallos [los indios] por todo el mundo, como ya su Historia vuela, engañando a todos los que la leen y poniéndolos, sin por qué ni causa alguna, en aborrecimiento de todos los indios; y que no los tengan por hombres, y las horrendas inhumanidades que el mismo Oviedo en ellos cometió, y los demás sus consortes, las haga excusables»
«Y es cosa de admiración con cuántas y cuáles palabras, de arrogancia plenísimas, procura en el prólogo de su primera parte persuadir primero al Emperador y después a todos los leyentes, no salir un punto de la verdad en toda su Historia, diciendo que su Historia será verdadera y desviada de las fábulas que otros escritores escribir han presumido en España, a pie enjuto, que no lo vieron, sino que por oídas lo supieron, como si él hobiera visto lo que escribió desta isla y de las demás, y no escribiera estando muchos años morador en esta ciudad de Santo Domingo, que no es menos que si escribiera morando en Sevilla; solo vido y se halló y participó en las tiranías y destruición de aquella Tierra Firme cinco años que en ella estuvo, según arriba queda dicho»
«Dice [Oviedo] que son viles y cobardes; los hombres no son viles por ser humildes, pacíficos y mansos como éstos eran, sino por ser deshonestos y llenos de vicios y pecados, y en esto Dios sabe la ventaja que les llevamos […] Que sean cobardes, no es absolutamente vicio, sino cosa natural, y procede la cobardía de benignidad y de nobilísima sangre, por no querer hacer mal a nadie ni recibillo […]»
«Pero Oviedo no advertía, como era uno dellos, que por sólo el pecado original, sin que otro pecado tuvieran, justamente y sin hacerles injuria, podía Dios asolar todas estas Indias, cuanto más por otros muchos actuales que tuvieron, pero no se nos da licencia para que por eso los menospreciemos, ni los robemos, ni matemos, porque ¡guay de nosotros cuando fuéremos de los robadores y matadores dellos, y por malos ejemplos, habiéndolos de traer a Cristo por los buenos, los corrompiéremos, y de su salvación fuéremos impedimento!»
«[…] no parece sino que su fin último y bienaventuranza de escribilla no fue otro más de para totalmente infamallos [los indios] por todo el mundo, como ya su Historia vuela, engañando a todos los que la leen y poniéndolos, sin por qué ni causa alguna, en aborrecimiento de todos los indios; y que no los tengan por hombres, y las horrendas inhumanidades que el mismo Oviedo en ellos cometió, y los demás sus consortes, las haga excusables»
«Y es cosa de admiración con cuántas y cuáles palabras, de arrogancia plenísimas, procura en el prólogo de su primera parte persuadir primero al Emperador y después a todos los leyentes, no salir un punto de la verdad en toda su Historia, diciendo que su Historia será verdadera y desviada de las fábulas que otros escritores escribir han presumido en España, a pie enjuto, que no lo vieron, sino que por oídas lo supieron, como si él hobiera visto lo que escribió desta isla y de las demás, y no escribiera estando muchos años morador en esta ciudad de Santo Domingo, que no es menos que si escribiera morando en Sevilla; solo vido y se halló y participó en las tiranías y destruición de aquella Tierra Firme cinco años que en ella estuvo, según arriba queda dicho»
«Dice [Oviedo] que son viles y cobardes; los hombres no son viles por ser humildes, pacíficos y mansos como éstos eran, sino por ser deshonestos y llenos de vicios y pecados, y en esto Dios sabe la ventaja que les llevamos […] Que sean cobardes, no es absolutamente vicio, sino cosa natural, y procede la cobardía de benignidad y de nobilísima sangre, por no querer hacer mal a nadie ni recibillo […]»
«Pero Oviedo no advertía, como era uno dellos, que por sólo el pecado original, sin que otro pecado tuvieran, justamente y sin hacerles injuria, podía Dios asolar todas estas Indias, cuanto más por otros muchos actuales que tuvieron, pero no se nos da licencia para que por eso los menospreciemos, ni los robemos, ni matemos, porque ¡guay de nosotros cuando fuéremos de los robadores y matadores dellos, y por malos ejemplos, habiéndolos de traer a Cristo por los buenos, los corrompiéremos, y de su salvación fuéremos impedimento!»
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